miércoles, 17 de junio de 2009
Las niñas del cacao de Poza Honda
martes, 16 de junio de 2009
lunes, 15 de junio de 2009
Un plato de integración
Compartir minutos y horas de vida suele ser la prioridad más habitual. Cuando esto no ocurre, se difuminan imágenes y vivencias como las encontradas en un modesto mesón, al sur de la ciudad de Quito.
Ubicado en una calle en donde las tiendas tradicionales jalonan el recorrido, uno va coincidiendo con la vecindad, formada por mujeres, hombres y niños de rasgos más indígenas que en otras localidades de la costa ecuatoriana. Es normal visualizar facciones más o menos marcadas, oscuras o claras, en función de la altitud del país que uno pise. La sierra suele conservar mayores tradiciones indígenas que por ejemplo localidades costeras.
En esa reflexión que nos concede un barrio humilde, buscamos la entrada del mesón conocido como "El leñón verde". Aprovechando un espacio de unos 60 metros cuadrados, familias enteras degustaban la rica cocina del lugar. Se encuentra atendido por un matrimonio. Apenas muestran sorpresa al ver entrar a cinco "gringos" con la intención de integrarse en el comedor, de momento, sin capacidad para servir más comidas hasta pasados unos minutos.
Pasada media hora de la una de la tarde, la cocina y la parrilla no encuentran una pausa. Con naturalidad aguardamos turno. Mientras, observamos como el orden y el simultáneo ejercicio de levantar el cubierto es la principal característica. Una televisión, con el canal 1 ecuatoriano, preside en un rincón del local de comidas. De vez en cuando, alguien levanta la mirada del plato, despertado por la curiosidad de una vieja serie de los años 80.
Niños atendidos por sus madres se niegan a comer con regularidad. Una criatura, tocada por la diosa de la hermosura, nos demuestra que los niños pintan las mismas cosas en cualquier lugar. Su madre nos mantiene la mirada unos segundos. Con la tez morena y los ojos alargados, se esconde de nuevo en su mundo familiar. Acompañada de sus padres, termina los últimos gramos de arroz presentes en un copioso, energético y calórico plato.
La niña simula que llora para llamar la atención. Otro pequeño al fondo del comedor se contagia de tal actitud infantil. Poco dura el intento. Ella luce una compacta trenza negra. Él, un juguete. Según se termina, la mesa queda inmediatamente libre, porque la cultura popular de la sobremesa ha quedado al otro lado del Atlántico.
La rotación es rápida y la presentación de los emplatados no persigue la exquisitez. Sobre las paredes de color verde, un cartel con las variedades y precios reivindica la atención del comensal. "¿Qué desea? Tiene los combos o las carnes y pollos". En Ecuador, los combos es el símil de un plato combinado para los españoles.
La supervivencia en un bote de mermelada
Es la historia de siete supervivientes. Cuando comenzaron con este proyecto eran 35 mujeres, pero muchas no quisieron o no pudieron aguantar. "Los comienzos fueron duros", recuerda Estela. "Muchas se fueron porque no íbamos a cobrar salarios. Estuvimos casi un año sin llevar dinero a casa, porque todos los beneficios que conseguíamos, los invertíamos en comprar todo lo que necesitábamos".
Reconocen que esa situación fue un obstáculo, pero durante esa complicada etapa, tenían muy presente las palabras del Padre Graziano, presidente de la Fundación Maquita. "Siempre nos dijeron que esto no era para que aprendíesemos a hacer mermelada, sino para que trabajásemos y tuviésemos ingresos que aportar a la familia". Muchas de ellas aguantaron y pronto comenzaron a llegar los resultados.
"Una de las mayores satisfacciones que me llevo, es haber podido darle una educación a mis hijos gracias al dinero que he logrado con este trabajo. Sólo con eso ya estoy bastante contenta", asegura, con lágrimas en los ojos, otra de las socias de la cooperativa. Aunque para ello haya tenido que renunciar a muchas cosas.
Poner en marcha esta iniciativa les obligaba a trabajar unas doce horas diarias. "Ahora tratamos de compensar ese exceso y estamos probando a trabajar menos horas, a ver como nos va". A pesar de eso, cuando llegan a casa aún tienen tiempo de ser amas de casa, ya que "siempre la tenemos patitas arriba". Y sobre todo, de pasar tiempo con sus familias. Son auténticas heroínas.
Sacar adelante su sueño les ha costado mucho esfuerzo. Algunas ya piensan en dar el relevo a sus hijas. "Ya me queda poco para cruzar el río", relata con asombrosa entereza una de las mujeres, "por eso me gustaría que nuestro trabajo continuase, que no se perdiese todo por lo que hemos estado luchando".
Todas ellas muestran orgullosas los frutos del largo camino recorrido. "La mejor mermelada es la producida por Nueva Aurora", dice una. "De los 10 grupos que había en Santo Domingo, sólo quedamos nosotras. Fuimos las perseverantes", recalca otra de ellas.
(Fotografías: Miguel Núñez.)
domingo, 14 de junio de 2009
Domingo entre la familia y las urnas
Pero, el caso de este domingo es excepcional. La casualidad ha querido hacer coincidir esta jornada de asueto con una convocatoria de elecciones a las Juntas Parroquiales en todo el territorio de Ecuador. Es una curiosa manera de buscar representación desde la base social, inexistente en los diferentes sistemas democráticos repartidos por Europa.
Aun así, la campaña electoral ha tenido lugar cumpliendo con todas las reglas necesesarias para captar el voto de los interesados por estos comicios. Al parecer, la experiencia no atrae todavía en exceso al pueblo ecuatoriano a las urnas por un claro desconocimiento de la utilidad de este plebiscito. De esta elección, salen designados, además de los presidentes de las juntas parroquiales, algunos diputados andinos.
Dicen que es necesario un poco más de tiempo para fomentar la fortaleza de este proceso, poco atractivo para los ciudadanos de diferentes rincones de esta tierra sudamericana. "Necesitamos un mayor recorrido para consolidar esta fórmula democrática. Es como todo, la concienciación de sociedad requiere un cierto tiempo", nos confiesan personas que si han cumplido con su deber ciudadano de ejercer el voto.
En las calles, trasiego y los carteles de los candidatos presidiendo el paísaje urbano y rural del territorio ecuatoriano, incluso, en este día de elecciones. Son 700 las opciones presentadas para el dictamen soberano de un pueblo muy pendiente de la política y las acciones de su gobierno. Prueba de ello, acontecía en la mañana del sábado, cuando a bordo de un taxi metropolitano de la ciudad de Quito, la banda sonora era una voz institucional: Rafael Correa, presidente de Ecuador, acostumbra a ofrecer una alocución, cada sábado, desde un medio accesible a todos/as: la radio.
A través de este medio y durante tres horas, de diez de la mañana a una de la tarde, concede la oportunidad al administrado de escuchar como el máximo representante de los ecuatorianos ha trabajado en los últimos días por mejorar la convivencia colectiva; el hecho de haberlo conseguido o no es un aspecto que toque decidir ahora. Para todo hay habilitado un momento concreto.
El nivel de cultura democrática es otra de las características que mide la calidad de una sociedad, en función de sus derechos y libertades. En el caso que nos ocupa, dicha práctica ciudadana se encuentra en un óptimo estado de salud, a pesar de alguna distorsión transnacional que puede cruzar el Atlántico. De hecho, hoy, en Ecuador, la gente sigue votando mientras esta crónica agota sus últimas líneas.